sábado 10 de octubre de 2009

Capitulo 2-Cumbres Borrascosas

Esta semana la empresa comenzó a seleccionar administrativos para el área de Finanzas, asi que estuve con mucho trabajo. Lo que más me gusta de lo que hago es hacer entrevistas, asi que a mi asistente la hago seleccionar los CV´s y me encargo personalmente de entrevistar a los candidatos.
Apareció a las 8 en punto un señor bien afeitado y con aspecto de dandy que venía por el puesto. Yo ya estaba en la oficina, porque había optado por otro camino y encontré menos tránsito. Justo iba a hacerme un café cuando lo vi sentadito en la Recepción y pensé que se trataba del ejecutivo de EE.UU. que venia a una reunión con los gerentes. La recepcionista no había llegado, me le acerqué apesadumbrada, no tenia ganas de hacer el esfuerzo de hablar en inglés y caerle bien a las 8 am.
-Hello, Welcome Mr....- y me interrumpí, pues había olvidado su nombre. El sonrío, ya me había conquistado.
-Hello, my name is Joaquín Gonzalez, and I give for a interview with Ms. Paula Mitre.- respondió con esa sonrisa amplia.
-Oh! perdón, que confusión. Disculpe, yo soy Paula Mitre, lo confundí con...encantada-y le estiré la mano nerviosa.
Pasamos a la sala en la que hago las entrevistas, me gusta porque es cómoda, tiene sillones, plantas verdes y da una buena primera impresión. Aunque la empresa siempre está prolija, limpia y realmente se ve muy bien. El estaba relajado, me gustó su nombre, Joaquín, era viril.
Su CV me sorprendió, tenía basta experiencia, era Contador y había sido gerente en otra multinacional, me parecia extraño que estuviera buscando trabajo como administrativo. Pero ya tenía el puesto, desde el momento en que me sonrió. No suelo guiarme solo por impresiones, pero la verdad es que me pareció no solo extremadamente gentil, sino que...bueno, me gustó. Iba a ser dificil acercarme a él, en principio porque no mantengo relaciones con la gente del trabajo, y en segundo lugar porque en Finanzas la competencia es atroz, está lleno de hermosas chicas de 25 años con la cola firme y la panza chata.
Rápidamente le pregunté con quien vivía, y me dijo que solo. Que era soltero, no tenía hijos y amaba los deportes.
Finalmente comenzó a trabajar hace un par de días y no paré de tratar de cruzarmelo en la máquina de café, de visitarlo para que complete formularios y de preguntarle como se sentía. Ser gerente de recursos humanos me da una cierta ventaja a la hora de relacionarme con el personal.
Con respecto a la cita que tenía con el jovencito, todo ocurrió tal lo convenido. Lo había conocido a través de mis amigas, el "club de las solteronas", resulta que con ellas acostumbramos leer el mismo libro y luego juntarnos a discutir, es una costumbre que nos gusta tener, una excusa para que nuestra agenda no nos impida encontrarnos. Sara elegió "Cumbres Borrascosas", y con las demás nos reimos mucho. Tratar de conseguir ese libro no me dificil, aproveché para pasar por el shopping de camino a esas librerías comerciales que como grandes monstruos se insertan en él. En la primera que entré lo encontré y salía mirando el libro cuando me choqué con un hermoso chico de unos 25 años. Hablamos unos minutos, se rió del libro que llevaba y me invitó un café. Intercambiamos e-mails porque estaba buscando trabajo. Pero yo sabía que no me escribiría.
En la semana tuve que ir a la casa de Marietta a buscar unos zapatos que le había prestado y ¡vaya coincidencia! me lo encontré allí. Marietta es venezolana y mantiene una relación varios de su nacionalidad en Argentina, este chico es hijo de una amiga de ella, y había ido a la casa a arreglarle la computadora. Tomamos un café, charlamos, no había un rastro del encantador acento en su voz, pero me resultó de los más agradable. Lamenté que fuera la hora de irme y cuando salí el auto no me arrancaba. Se ofreció a llevarme a casa y en el camino me invitó a salir.
Me gustó por lanzado, pensé: ¿qué hace que un chico de 25 años invite a salir a una mujer de 35? Sentí ganas de huir, como siempre tuve el pensamiento fatalista de que lo hacía por lástima.
Apareció en mi casa a la hora pactada y con una botella de vino, que me prometió otro día compartiríamos. Me llevó a un bar de Palermo -mi auto seguía en el taller- y hablamos bastante. Noté con tristeza que no teníamos nada en común, él estudiante de Sistemas y amante de las máquinas, vive aún con sus padres y le gustan los deportes extremos. No hubo ni un beso. Me dejó en casa a las tres de la mañana y yo no sentí ganas de volver a verlo.
Marietta me insiste en que lo llame, que quizás se sentió aturdido por mi experiencia y que puede que piense que no quiero volver a verlo. Pero es la verdad. No quiero.
Ahora solo quiero centrarme en el dandy de la oficina.Y sigo esperando ansiosa que pase el fin de semana para volver a verlo, mientras sigo leyendo "Cumbres Borrascosas" tirada en el futón de mi casa.

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